SUEÑO
La siesta tiene una explicación biológica clara que se descubrió
hace dos décadas. Desde entonces, una serie de estudios ha ido
demostrando que este invento español es un método infalible para
reponer energías, mejorar el estado de ánimo y el rendimiento en
el trabajo, y evitar accidentes.
Fuente: http://elmundosalud.elmundo.es
MYRIAM LÓPEZ-BLANCO
En algún momento a lo largo del
día, sobre todo después de comer, es muy probable que usted se
sienta medio traspuesto, y que le sea prácticamente imposible
concentrarse en lo que está haciendo. Los párpados le pesan y
los pensamientos empiezan a perder forma.
Seguro que lo achaca a que la
reunión a la que está asistiendo es tremendamente aburrida o al
vasito de vino que ha tomado en la comida. Y también es muy
probable que trate de disimularlo a toda costa porque teme que sus
colegas o su jefe le vean como a alguien que no se toma en serio
su trabajo. Es un error.
Una serie de estudios realizados
en las últimas dos décadas ha demostrado que tiene una explicación
biológica, que la hora de la siesta está escrita en los genes.
Echar una cabezadita después de comer es una respuesta natural
del organismo y se ha visto, además, que esta costumbre española
eleva considerablemente la productividad y mejora el estado de ánimo
del trabajador. Un estudio realizado sobre los efectos de la
siesta en los países industrializados desveló que para el 92,5%
de los trabajadores, una cabezadita después de comer aumentaba la
productividad, la creatividad y la capacidad para resolver
problemas. Es decir, no sólo trabajan más sino mejor.
El único secreto es que debe ser
breve. Más de media hora de reposo puede alterar el sueño
nocturno y dejar a la persona atolondrada, incluso menos capaz de
realizar un trabajo que antes del descanso.
Es un invento español, pero ha
sido en Estados Unidos donde se ha reconocido su valor científico
y donde se está promocionando su práctica. SALUD ha hablado con
los autores de las investigaciones que han desvelado las bondades
de la siesta, y de dos populares libros recientes, El arte de la
siesta y La siesta en el trabajo. También ha preguntado a algunos
expertos españoles cuáles son los beneficios y los perjuicios
(que también los hay) de la siesta, o yoga hispánico, como la ha
calificado el premio nobel Camilo José Cela.
«La bondad y conveniencia de la siesta es algo que cualquier
persona dedicada al sueño recomienda en la actualidad, ya que no
es algo que esté, biológicamente, relegado sólo a la noche»,
dice el doctor Emilio Rodríguez Sáez, de la Unidad de Sueño del
Servicio de Neurofisiología Clínica del Hospital General de
Vigo. «En algunos momentos del día tenemos más necesidad de
dormir, en relación con la luminosidad del sol, variable de unos
países a otros, y con el reloj biológico que ponemos en marcha
en los primeros días de nuestra vida», explica Sáez.
En 1985, el equipo del doctor
Scott Campbell, catedrático de Psicología de la Facultad de
Medicina de la Universidad
de Cornell , en Nueva York (EEUU), demostró por primera vez
que la siesta tiene mucho que ver con ese reloj biológico, que es
el mismo sistema que nos hace dormir por la noche. Dicho sistema
está situado en una zona del cerebro llamada región supraóptica,
que controla los cambios diarios de fenómenos fisiológicos y
bioquímicos, como el sueño-vigilia, la liberación de hormonas,
los cambios en la temperatura de la piel, la agudeza visual, etcétera.
El trabajo de Campbell se publicó en el libro Ultradian Rhythms
in Physiology and Behavior (Ritmos ultradianos en la fisiología y
el comportamiento. Springer Verlag, New York).
«No hay duda de que la siesta
tiene una base biológica», dice el doctor Campbell. «Pero, de
igual forma que hay personas que necesitan muchas horas de sueño
y otras que necesitan pocas, y que hay quien funciona mejor por la
mañana y quien es más nocturno, también hay personas a las que
les resulta más fácil sestear que a otras», añade este
especialista. «Es muy probable que todos estos tipos estén
determinados en gran parte por los genes».
En septiembre del año pasado, la
revista Neuron publicó un
artículo titulado: La hora de la siesta está en los genes. La
autora era la doctora Justin Blau, del Laboratorio de Genética de
la Universidad de
Rockefeller , en Nueva York. «Se trataba de una revisión de
un estudio original realizado en el laboratorio del doctor Isaac
Edery, de la Universidad de Rutgers, en New Jersey», dice la
doctora Blau. «Su laboratorio y el nuestro estudian los ritmos
circadianos en la Drosophila (la mosca del vinagre), que es un
excelente modelo para todo tipo de estudios biológicos y médicos».
El trabajo del doctor Edery, publicado en Science y en Neuron,
mostraba que, a distintas temperaturas, la mosca Drosophila tiene
diferentes patrones de actividad. A 18ºC, se despierta al
amanecer y su actividad va aumentando a lo largo del día, pero
tiene un periodo de reposo alrededor del medio día. «Esto me sonó
exactamente a una siesta», dice la doctora Blau.
Después de este periodo, la
actividad va descendiendo gradualmente, hasta que, después de la
puesta de sol, se duermen. «Esto tiene un sentido biológico para
la mosca porque, cuando hace calor, le permite inactivarse durante
el día, que es cuando la temperatura es más alta, y activarse
por la noche, cuando hace más frío», explica el doctor Edery.
«Muchos animales muestran este mismo comportamiento. Durante el día,
buscan un cobijo fresco en verano y son más activos en invierno.
Quizás ésta sea la ventaja biológica de la siesta humana en las
zonas de clima cálido», añade.
El equipo de Edery demostró que
esta respuesta a la temperatura depende de un gen, llamado period
(per), esencial para el comportamiento cíclico de las moscas. «En
los días fríos, el gen per se regula de tal modo que la mosca
funciona durante el día sin necesidad de bajar su actividad»,
explica Edery.
Una serie de estudios recientes ha desvelado que estos relojes
biológicos son similares en moscas y en humanos y que también
tienen periodos de descanso parecidos. «Hay tres genes homólogos
del gen period en humanos y en otros mamíferos, y todos ellos
presentan oscilaciones diarias en sus niveles de ARN y de proteína
iguales a las que ocurren en la mosca», dice la doctora Blau. «En
las moscas en las que falta el gen period, el comportamiento no
varía cuando la temperatura desciende».
FALTA DE SUEÑO.
La siesta tiene una explicación
biológica, pero ¿es beneficiosa para la salud? «Probablemente»,
dice el doctor Campbell. «Hay muchos datos que demuestran que la
mayoría de adultos y muchos niños tienen una falta crónica de
sueño, y que esto puede aumentar el riesgo de enfermedades y
disminuir la habilidad del organismo para luchar contra ellas».
Según la doctora Rosa Peraita
Adrados, de la Unidad de Sueño y Epilepsia del Hospital General
Universitario Gregorio Marañón, de Madrid, y presidenta de la
Asociación Ibérica de Patología del Sueño, en nuestros días
dormimos casi dos horas menos que a principios de siglo, debido a
la luz eléctrica, a la televisión y a los trabajos con turnos en
las fábricas. «La privación crónica de sueño conlleva un
menor rendimiento, a accidentes laborales y de tráfico, a depresión
e irritabilidad», dice Peraita. «Y todo ello produce
repercusiones negativas en la vida laboral, familiar y social».
En determinadas enfermedades,
como la epilepsia o la narcolepsia, la siesta se convierte en
parte del tratamiento. Según Peraita, en la narcolepsia, una
siesta de 15 o 20 minutos es tan eficaz como administrar una dosis
de un medicamento estimulante; y en la epilepsia, la falta de sueño
puede provocar una crisis.
Para Justin Blau, lo único que
está claro es que hay una predisposición natural en el ritmo
circadiano humano para dormir a media tarde, «pero eso no quiere
decir que se tenga que dormir», dice. Según esta especialista,
la siesta tiene sentido biológico, especialmente en climas cálidos,
en los que los animales gastarían muchas energías tratando de
estar frescos mientras están activos durante la mayor parte del día.
«Pero la cuestión es si los humanos debemos guiarnos por
nuestros instintos animales», dice. «Cuando entra el sueño, uno
puede concentrarse al máximo en lo que se está haciendo y lograr
que el cuerpo y la mente eviten esa supuesta necesidad de dormir
por la tarde».
En particular, a Justin Blau la
siesta le ayuda, a veces, pero en otras ocasiones la deja
aturdida. Este efecto se llama, según el doctor Campbell, inercia
del sueño. «Es el término utilizado para describir la sensación
de adormecimiento y letargo que muchas personas tienen
inmediatamente después de haberse despertado de una siesta»,
dice Campbell. «Puede durar 15 o 20 minutos, y durante este
tiempo la habilidad puede ser incluso peor que antes de la siesta».
El que aparezca o no esa inercia del sueño y el que sea más o
menos larga depende, según Campbell, de dos cosas: de la duración
del sueño y del tipo de sueño del que uno se levante (profundo o
REM, por ejemplo). Sin embargo, según este especialista, este es
el único aspecto negativo de la siesta, y las ventajas superan
con creces al pequeño inconveniente. Después del breve
aturdimiento, si es que se produce, la productividad es mucho
mayor que antes de la cabezadita.
Para el doctor Sáez, la siesta
es natural y necesaria y recomendable para todos, salvo en
contadas excepciones. «Relaja los músculos y la mente y mejora
nuestra conducta y nuestra capacidad física e intelectual para
continuar nuestra vida por la tarde», dice Sáez. Pero, atención:
«No debe ser mayor de 30 minutos, pues de otro modo alteraría la
estructura del sueño de la noche y sería peor el remedio que la
enfermedad». Y, en el caso de que el trabajo obligue a hacer
turnos rotatorios, «si el déficit de sueño es importante, es
necesaria una siesta programada», dice Peraita.
ACCIDENTES
Se sabe que muchos accidentes,
como el de la central nuclear de Chernobyl, han ocurrido porque
los trabajadores no habían dormido lo suficiente. Y, en general,
todos los especialistas en sueño reconocen que se duerme menos de
lo necesario. Estamos en una sociedad con déficit crónico de sueño.
Y, paradójicamente, en España —país en el que se inventó la
siesta y donde se practica cada vez menos— quizás es donde más
déficit hay, porque se ha ido amoldando a los hábitos y horarios
de trabajo europeos (menos pausas para comer, por ejemplo), pero
no se han abandonado los hábitos sociales, como cenar muy tarde e
irse a la cama pasada la media noche.
Según una encuesta elaborada por
la empresa Pikolín , y
citada por Pilar Portero en
el dominical de El Mundo el
pasado verano, sólo uno de cada 10 españoles se echa una
cabezadita diaria, y el tiempo de duración por término medio es
de algo menos de una hora. Los más aficionados a ella son los
extremeños y los valencianos. Les siguen: Baleares, Canarias,
Andalucía, Madrid y Aragón.
Los cántabros y catalanes son
los menos proclives a sestear. No obstante, fue un avispado
empresario catalán, Federico Busquets, quien se fijó en la falta
que hacía. Vio que muchas personas acababan dormitando encima del
volante de su coche o reclinados en el asiento, esperando a volver
a la oficina. De modo que empezó a abrir centros por todo el
estado en los que la siesta está a la venta.
Masajes a mil se llama la empresa
que, aparte de otros servicios complementarios de belleza, ofrece
un masaje relajante de 10 minutos seguido de media hora (o más,
quien quiera) en una silla ergonómica que mantiene al cliente en
posición fetal, en un espacio tranquilo diseñado para aliviar
las tensiones. Esta noticia dio la vuelta al mundo hace ahora un año:
España vende su siesta.
En Estados Unidos, científicos
como el doctor William A. Anthony, director del Centro de
Rehabilitación Psiquiátrica de la Universidad de Boston (EEUU),
abogan por que la siesta se convierta en una práctica habitual.
«Puede que no consigamos instaurarla en Estados Unidos, pero
creemos firmemente que este país debería acercarse más a la
cultura de la siesta en casa y en el trabajo», dice el doctor
Anthony, que es, además, director de The
Napping Company (nap, en inglés, es siesta).
Anthony está luchando porque las
empresas se tomen en serio la siesta y se incorporen salas de
descanso donde los trabajadores puedan reponer energías. Algunas
ya han tomado nota y han empezado a hacerlo. Anthony no pretende
que se duerma en horas de trabajo, sino que cada trabajador
disponga de 20 minutos diarios para descansar y mejorar su
rendimiento, su capacidad de concentración y su estado de ánimo.
Este especialista es el autor,
junto a Camille Anthony, de los libros El arte de la siesta y La
siesta en el trabajo. Y, de momento, ya ha conseguido que haya un
Día Nacional de la Siesta en el Trabajo que se celebró, por
primera vez, el pasado 3 de abril, en EEUU.
Una encuesta realizada en Internet, en la que participaron cerca
de 3.000 personas, desveló que cerca del 80% estaría dispuesto a
echar una cabezadita en el trabajo si su jefe se lo permitiera.
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