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"En la provincia de Pontevedra hay lugares de
una vibración muy positiva, ideales para coger fuerzas" .
Extraido
de http://www.riasbaixas.org
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Juan
Abia.
MAIA productos sostenibles s.l.
Teléfono: 986 12 85 12 ( ofª. Vigo) y 986604475
E-mail: maia_sos@yahoo.es |
Juan
Abia es técnico en geobiología, coordinador en Galicia de
GEA-España (Asociación Internacional de Estudios Geobiológicos)
y Director técnico de MAYA Productos Sostenibles, consultoría de
bioconstrucción, agricultura biológica y energías renovables.
Madrileño, reside en Tui desde hace una década. En este tiempo
ha asesorado a un buen número de gallegos en la construcción de
viviendas sin amenazas para la salud humana y respetuosas con el
medio ambiente.
En las líneas que siguen, Abia nos habla de bioconstrucción, de
la influencia del electromagnetismo en nuestra salud o de la
relación entre energía y arquitectura religiosa, pero también
nos descubre lugares de Pontevedra equilibrados y puros, adecuados
para cargar las reservas de ánimo.
PREGUNTA.— ¿Con
qué fines y cuándo aparece GEA?
RESPUESTA.— GEA nació en 1991 con
dos fines claros: la investigación y la divulgación de la
geobiología, una ciencia nueva aparecida en los años 30 que
estudia las relaciones entre la energía natural y los seres
vivos. Nació como ciencia de estudio de las ciencias naturales y
ahora debe estudiar tanto las ciencias naturales como las
artificiales.
P.— ¿Tanto
afecta el pulso de la naturaleza a la vida de los hombres?
R.— La tierra produce una serie de
radiaciones naturales (los campos terrestre y magnético) que
afectan seriamente a la salud de los seres vivos. La energía
fluye desde el centro de la tierra, en forma de infinitos
materiales en descomposición. El propio efecto de rotación de la
tierra produce una ionización muy fuerte en la atmósfera al
contacto con agentes externos e internos. Hay un montón de
factores en nuestra vida cotidiana que nos demuestran que somos
vulnerables. Es un caldo de miles de frecuencias diferentes, y
entre ellas vivimos.
P.— Pero eso
siempre habrá sido así.
R.— No exactamente igual.
Antiguamente no existían las alteraciones artificiales de hoy en
día. Las culturas antiguas sabían dónde construían y el uso
que debían dar a cada construcción según el lugar en donde ésta
estuviese situada. Los templos sagrados se construyeron sobre
puntos donde convergían varias vetas de agua, lo que potencia la
energía de la persona. Eran lugares que atraían a la gente, cosa
que servía a aquellas culturas para acercar a las personas a su
credo. No eran, sin embargo, lugares buenos para dormir. Ejemplo
de lugar con una vibración muy fuerte, positiva, es la catedral
de Santiago, el espacio de Occidente con mayor vibración,
atenuada hoy con los cables, la iluminación y los artificios eléctricos
que le han implantado. La propia frecuencia de la luz y la vibración
del color que transmitían sus vitrales no ha podido ser nunca
imitada.
P.— Una vibración
que, por otra parte, parece extensible a todo el Románico.
R.— Absolutamente. Ellos atendían
al factor telúrico y también al sonido (sólo hay que pensar en
los mantras del canto gregoriano). Los canteros más
antiguos, desde la época de las pirámides de Egipto, elegían
las piedras en las canteras según su polaridad y luego las
colocaban con un orden determinado buscando amplificar el
magnetismo del lugar. Las formas de nuestra arquitectura antigua
(desde los celtas hasta el siglo XX), como sucede con la propia
naturaleza, están orientadas de acuerdo a unas necesidades de
energía.
En las iglesias consagradas a un santo se ha fijado una advocación
en un día determinado porque ese día es cuando el lugar entra en
resonancia, en equilibrio, con su radiación. Es la fecha en que
merece de verdad la pena ir a ese sitio. En geobiología se les
llama "lugares cumbre". Es el caso, en la provincia de
Pontevedra, de Santa María de A Franqueira, de la ermita de los
Milagros de Amil, del monasterio de Lérez, de la iglesia de O
Corpiño, de la ermita tudense de San Bartolomé... Están
construidos en lugares en los que se percibe una energía
favorable. Por eso sus santos tienen fama de curar.
P.— Curioso, el
vínculo entre sacralización y energía...
R.— Por esa razón pasaron por aquí
tantas culturas y hubo en Galicia tantos templarios: porque eran
conocedores del poder energético de esta tierra. La propia
toponimia habla de la buena energía de los lugares: Boavista,
Vilaboa, Augasantas... Desde Galicia parte una línea energética
de primer orden que va de Santiago a El Escorial y que une lugares
sagrados.
P.— La búsqueda
de ese equilibrio energético, del magnetismo de un lugar, ¿no es
una herencia de la civilización celta?
R.— Toda la simbología del románico
enlaza con los petroglifos y con multitud de símbolos celtas. Los
primeros cristianos estaban al margen de la institución. Tenían
la tradición druídica metida en los huesos (de Irlanda, de Bretaña,
de Galicia...). Eran celtas. Los adornos en la piedra de las
iglesias no son guiños de los canteros o una firma que ellos
dejaron en su obra, como afirman muchos historiadores. Son códigos
que nos anuncian el tipo de energía del lugar.
P.— ¿Y qué
diferencia hay entre aquellos lugares y los espacios que hoy
habitamos?
R.— Que ahora hay exceso de iones
positivos -como los que produce el preludio de una tormenta- en
construcciones nuevas, en edificios cargados de electricidad, de
hierro, de hormigón que producen alteraciones magnéticas. Y eso
trae transtornos neurológicos y tensión eléctrica en el
organismo. Esa situación de pre-tormenta se produce normalmente
dentro de unos grandes almacenes o en grandes edificios de
oficinas. En España hay dos millones de personas con problemas de
salud porque trabajan en edificios enfermos, plagados de tecnología
y de elementos eléctricos que, por otra parte, son el hábitat
ideal para multitud de bacterias y de virus.
Por defecto, la tecnología, en lugar de estar a nuestro servicio,
está en contra de nosotros. Las condiciones biológicas de un
edificio moderno son bastante nocivas: pinturas plásticas,
productos químicos sintéticos (de 30.000 a 50.000 en una
vivienda convencional), compuestos orgánicos volátiles
(productos de limpieza, de aseo personal, formaldehidos de los
muebles...). Son condiciones agobiantes.
P.— Y la
bioconstrucción ayuda a corregir esos desequilibrios.
R.— La bioconstrucción ayuda a
crear condiciones óptimas para la salud de las personas y para la
salud del planeta. Considera las energías como uno de los
factores fundamentales de la vivienda. Estudia las energías
globalmente: se eligen las mejores frecuencias de la tierra (de
sol, de luz, de viento) y se hace un diseño bioclimático, que
responde nada más que al sentido común. Los materiales tienen
que traerse de los lugares más próximos para ahorrar energías
en transporte. En definitiva, llevar la coherencia a cotas
extremas. Se estudia la ubicación del sitio y se empieza a
construir con criterio bioclimático (en Andalucía, por poner un
caso, se protegen del sol y en el Norte nos protegemos de la
lluvia).
Los materiales vamos estudiándolos uno a uno y vemos su relación
entre ellos. En bioconstrucción se trabaja únicamente con
materiales minerales, naturales y vegetales: lana de oveja,
corcho, paja, madera, cal natural, piedra pómez...
P.— ¿Cuál es
la casa ideal para Galicia?
R.— La que lleve piedra por fuera
y, en su interior, corcho, madera y cal. La cal, componente de las
pinturas ecológicas, es un difusor que absorbe el exceso de
humedad y la saca fuera de la vivienda. Es además un elemento
ying que equilibra al yang de la piedra. Son materiales que ayudan
a aislar la humedad, lo que produce un ahorro de energía. La
casa, no debemos olvidarlo, es nuestra tercera piel.
P.— ¿Existe
alguna relación entre la geobiología y el feng-shui?
R.— El feng-shui viene a ser algo
así como la antigua geobiología china.
P.— ¿Usando
piedra, corcho, madera y cal está todo resuelto?
R.— Con eso hay un camino andado.
Luego existen niveles más sutiles: ondas de forma, de color,
energía de los materiales. La gente enferma por las alteraciones
telúricas de la casa. Los cánceres se producen en personas que
viven sobre lugares con alteraciones telúricas. Aunque éstos no
son los únicos desencadenantes de un cáncer, evidentemente. Esas
alteraciones se dan mucho en Galicia cuando el agua discurre por
una grieta del terreno, caso de una fisura de granito, sobre la
que está la casa. La bioconstrucción ayuda a corregir eso, por
eso se la conoce en Europa, en donde está muy extendida, como la
medicina del hábitat.
P.— ¿Son sanas
nuestras ciudades?
R.— Por las radiaciones que
confluyen en ellas las ciudades son un paraíso de virus y
bacterias. Vigo, por ejemplo, tiene mucha contaminación acústica
y electromagnética, además de alteraciones naturales. Sin
embargo, no tiene tanta contaminación atmosférica, gracias al
efecto reparador del mar.
P.— ¿Qué es lo
primero que hay que cuidar a la hora de construir?
R.— La construcción ideal es aquélla
que cuida, por encima de todas las cosas, el lugar asignado para
dormir. Hay quien salva problemas de salud brutales (tumores como
una pelota de tenis en niños, por ejemplo) sólo con mover la
cama y modificar la vibración del sitio. También resulta
esencial utilizar materiales de construcción sanos: la geobiología
desestima, por ejemplo, el cemento gris, porque está compuesto
por materiales altamente tóxicos: dioxinas, basura radiactiva...
P.— Asegura que
hay que cuidar el lugar del sueño. Esos lugares sagrados de los
que habla serán ideales para dormir.
R.— Al contrario. No son buenos
para dormir. Cada lugar tiene un uso. Los canteros celtas decían
que sus templos eran como cazamariposas con los que atrapaban la
energía telúrica. Sabían tensar la piedra como la cuerda de una
guitarra, sabían hacerla vibrar. Pero esa vibración no es la más
deseable para descansar.
P.— Así, a bote
pronto, ¿qué lugares de la provincia de Pontevedra reúnen una
energía especial?
R.— El monte de O Viso, en
Redondela. Es un sitio grandioso. Debido a su forma, concentra la
energía en la punta y en ella hay aumento de polaridad, porque se
cruzan una falla y una vena de agua. Cerca de la cumbre, en un
espacio imposible, hay un crucero que actúa como elemento de
descarga. El frontal de la base tiene una radiación buenísima,
que es en donde está representado Jesucristo. Al otro lado del
poste está la parte nefasta; de hecho, tiene una calavera
grabada, señal reveladora. Todos los cruceros están alzados en
lugares demoníacos para santificar el lugar.
El monte Aloia es un sitio maravilloso, con una masa boscosa
reparadora -a pesar de no ser longeva- que se dejó crecer con
buen criterio. El Alto dos Cubos es un lugar ideal para cargarse,
para coger fuerzas; la prueba es que ahora acaban de descubrir allí
un castro. Todo el Val Miñor tiene islitas de energía muy
positiva. Y a nivel bioclimático es una maravilla. Por esa razón
hay tantos pazos, construidos sobre lugares ejemplares, en los que
ya existían construcciones anteriores.
También el Castillo de Soutomaior es energéticamente muy bueno.
Lo indica la pervivencia de árboles de varios siglos en el jardín
que rodea a la construcción. Los grandes árboles que hay junto a
algunos templos son la mejor prueba de la energía del lugar,
porque son un condensador que purifica la energía alterada de la
iglesia.
P.— ¿La razón
de que algunas localidades tengan mayor afluencia turística que
otras puede estribar en que poseen cargas magnéticas,
desconocidas para nosotros, que nos atraen hacia ellas?
R.— Sin duda. Uno de los factores
de atracción turística de un lugar -aparte de sus servicios de
ocio o sus valores naturales- es su energía. Galicia tiene mucha
actividad energética. O se está bien o se está mal. No existe término
medio. Por ejemplo, Baiona tiene lugares en donde se está muy
bien y otros que resultan cargantes. Existe un sitio buenísimo
dentro de la fortaleza y otro malísimo en el centro de la villa,
debido a una bolsa de agua paralizada, que produce altas cargas
magnéticas.
P.— La composición
geológica de la tierra produce una radiación natural. ¿Qué
niveles alcanza esta radiactividad en Galicia?
R.— En Galicia vivimos con más
radiactividad que en otras zonas de España, debido a las
acumulaciones de gas radón, producto de la descomposición del
feldespato de granito. Esto no es bueno ni malo, aunque no está
de más proteger nuestras construcciones de ello. Las aguas que
dicen que curan, por ejemplo, tienen radiactividad. Son aguas que
vienen ionizadas y la gente acude a ellas porque les sientan bien.
Es el caso de Santa María de Augasantas o de la fuente de A
Granxa, en Baiona.
P.— Otra agua:
la de lluvia. En Galicia parece evidente la ecuación lluvia-energía.
R.— En Galicia llueve porque la
morfología del lugar y del suelo lo necesita. El gallego, cuando
está fuera, asocia lluvia con morriña. En mi opinión, la morriña
es generada por la ausencia en otros lugares de la energía del
lugar de origen de cada uno. Cada persona necesita la energía del
lugar en donde se crió. Y lo percibe bien el gallego que vive
lejos de su tierra, porque la lluvia en Galicia es un inductor de
energía vital.